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Fuerte de Carchuna

EVASIÓN DE EL FUERTE DE CARCHUNA. LA DESBANDÁ

Este Fuerte, fue escenario en mayo de 1938 de uno de los episodios más arriesgados y singulares acaecidos durante la guerra de España 1936-1939, que, aunque no coincide temporalmente con los sucesos de “La Desbandá”, es evidente que tiene una relación directa con la misma. Esta conexión viene determinada porque lo sucedido en ese mes de mayo de 1938 se realiza desde el frente republicano, que quedó fijado al oeste de la población de Castell de Ferro (Granada), cuando, en febrero de 1937, las tropas de la 6ª Brigada Mixta y los Batallones 8º y 10º de la XIII Brigada Internacional frenan el avance de las tropas franquistas que perseguían a los huidos de “La Desbandá”.

Este episodio de “La Desbandá” tiene lugar en febrero de 1937, en el que alrededor de 150.000 personas, en su mayoría mujeres, ancianos y niños, transitaron por la carretera N-340 entre Málaga y Almería. Salen de la ciudad de Málaga forzadamente ante el temor a las represalias de que pudieran ser objeto por parte de las tropas franquistas que, el 8 de febrero de 1937, ocupan la ciudad. Estos miles de personas inician una huida por la Carretera N-340 hacia territorio republicano, concretamente hacia Almería. Durante el trayecto son atacadas y masacradas por la aviación ítalo-germana, por los acorazados “Almirante Cervera”, “Canarias” y “Baleares” y por unidades motorizadas italianas, causando, según estimaciones a la baja, unas 5.000 muertes entre los huidos.

Una vez que el ejército rebelde ocupa el Llano de Carchuna en febrero de 1937, utiliza El Fuerte como prisión o campo de trabajo. En mayo de 1938 más de 300 prisioneros republicanos procedentes, en su mayoría, de la caída del Frente Norte (Asturias) estaban recluidos en El Fuerte. Los sublevados empleaban a estos reclusos en la construcción de fortificaciones, caminos y carreteras militares y en la limpieza a mano de la maleza y arbustos que cubrían El Llano con el propósito de construir un aeródromo militar.

A mediados de mayo en connivencia con algunos vigilantes, se evaden cuatro presos llegando a territorio republicano en Castell de Ferro. Detallan las condiciones de vigilancia y, en base a ello, en la madrugada del día 23 salen dos lanchas, al mando del teniente brigadista William Aalto, para intentar liberar a los prisioneros. Una de las lanchas se avería, la otra se desorienta y deciden aplazar la operación. Ese mismo día a las 22:00 h. vuelven a salir desembarcando en las inmediaciones del fuerte, distribuyéndose en cuatro grupos: Un grupo marcha hacia la carretera N-340 para cortar el hilo telefónico entre Motril y Calahonda e instalar una carga explosiva en la carretera, otro se instala a la entrada de la población de Calahonda para facilitar la evacuación de los presos, un tercer grupo a las órdenes del brigadista del Batallón Lincoln, Irwin Goff, se queda en la playa custodiando la munición, hasta recibir la orden de trasladarla al fuerte y el cuarto grupo asalta El Fuerte. Asalto que se realiza con pocas dificultades haciéndose con el control del enclave, rindiendo a los centinelas.

El alférez al mando de El Fuerte y varios suboficiales son fusilados, mientras el resto de los soldados de la guarnición son puestos en libertad. Algunos de ellos se unen a los fugados, que se encaminan hacia Calahonda. Después de un breve tiroteo en la población de Calahonda, que acaba con la resistencia de los sublevados, los evadidos se dividen en dos grupos, el más numeroso, marcha por la carretera y el otro por las laderas de los primeros relieves. La operación estuvo apoyada por la artillería republicana que, desde el “Pico del Águila”, hostigó las líneas del frente sublevado para generar desconcierto y por la Compañía Especial de la 221 Brigada que atacó las posiciones insurgentes más adelantadas, junto a la carreta N-340, en las inmediaciones de los barrancos del Torrilejo y del Zacatín o de La Rijana, facilitando así, la huida. De este modo, pese a diversos contratiempos, la operación se realizó con bastante éxito.

Como hecho anecdótico, los dos brigadistas, W. Aalto e I. Goff, junto a dos compañeros de la zona, Juan Moreno Rodríguez, de Órgiva y Juan Yáñez Pretel, de Lújar, no consiguen llegar a tiempo a las embarcaciones que inician el regreso y, al verse rodeados por soldados enemigos, optaron por lanzarse al mar. Los brigadistas, expertos nadadores, nadando de noche y escondiéndose de día entre los cantiles, tardaron tres jornadas en llegar a Castell de Ferro. Los otros dos compañeros, con más dificultad, también llegaron a zona republicana.

El rescate de los trescientos prisioneros de El Fuerte de Carchuna fue ejecutado con éxito por un grupo de militares republicanos apoyados por dos combatientes de las Brigadas Internacionales. Según los expertos, la más audaz de las acciones realizadas por el ejército regular español durante la guerra, como lo que hoy haría un grupo de operaciones especiales. Unos años más tarde, durante la II Guerra Mundial, Churchill impulsaría con entusiasmo acciones de este tipo con su grupo de comandos (SAS).

Honor y gloria para aquellos que lucharon por la libertad y la democracia. Un pueblo con dignidad tiene el deber de no olvidar a las víctimas de la barbarie. Si no hacemos justicia con nuestra historia, el pasado siempre volverá.

 

 12 de enero 2024 en Calahonda, inauguración de la sexta marquesina dentro del proyecto de señalización de la Gran Ruta y Sendero de Memoria Democrática la Desbandá. Con las intervenciones de Juan Alberto Ferrer (Alcalde de Carchuna-Calahonda, Rafael Morales y José Antonio Berenguer (ASC La Desbandá).

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