Comenzamos a preparar LA DESBANDÁ 2021

CRÓNICA Nº6, MARCHA VIRTUAL DE LA DESBANDÁ 2021

La 6ª etapa transcurre desde Castell de Ferro hasta La Rábita, a la salida del pueblo nos hemos encontrado habitualmente con un hombre llamado Manuel que ahora tendrá unos 86 años, solo o acompañado de su mujer que nos pregunta si somos los de la huida; cuando le decimos que si nos cuenta que conocen la historia por sus padres que vieron aquel desfile inmenso de personas. Normalmente no dice mucho más porque se echa a llorar, solo nos precisa que en la curva de abajo, yendo para la playa, había gente enterrada.

Caminamos por un paisaje pegados al mar, lleno de acantilados, donde a veces se abren playas paradisiacas en las que dan ganas de quedarse. Es lo que le ocurrió en 1921 a un marino ruso llamado Basilio Lukianov. Desertó en el puerto de Málaga junto con dos compañeros porque estaba en desacuerdo con la Unión Soviética y decidieron marchar andando hasta Valencia; el anduvo hasta poco antes de llegar a La Rábita, donde cuando vio una cala preciosa, le dijo a sus compañeros que él se quedaba a vivir allí.  Así fue, construyó poco a poco un camino de acceso a la playa, montó una fuentecilla aprovechando un manantial de agua potable que llegaba a la playa a través de una cueva y allí vivió toda su vida, siendo considerado un vecino más del pueblo; hoy la playa se llama “el ruso” y hay gente que después de 40 años de su muerte, le sigue llevando flores a su tumba.

De entre la gente que se nos ha unido a la marcha en el último año, y que descienden de las familias que se afincaron en Francia hay que destacar a Antonio Perucha, vive la Bretaña francesa y acudió con su hija Ana; son franceses, pero la madre de Antonio, con 5 años, salió huyendo con sus padres de Torremolinos a Málaga y luego con la Desbandá hasta Almería. Fueron de los que volvieron a Málaga y se asentaron en el Arroyo de la Miel; Antonio dice que su madre nunca le contó nada, pero el sentía en sus carnes que estaban marcados en el pueblo como rojos, y cuenta la anécdota, que allá por el año 59 o 60, en una promoción pública de Coca Cola, donde las regalaban a los niños, al él no quisieron darle; sintió tanta rabia, que con unos 7 años, cogió una botella y salió corriendo; dos hombres lo persiguieron gritándole ladrón, ladrón; consiguió llegar a su casa y su madre salió a ver qué pasaba y le dijeron que el niño había robado la botella; ella con un gesto de rabia, y seguramente conociendo el percal, le quitó rudamente la botella al niño, y diciéndoles “ahí tenéis vuestra botella”, pero no se las dio, sino que se las tiró a los pies, rompiéndola. La situación sería tan insostenible para ella que se marchó a Francia. L@s Perucha colaboran en Reims, la ciudad donde viven, con el Centro de Cultura en su departamento de Memoria Histórica.

Otra compañera que viene desde Italia para hacer la marcha de Desbandá es Antonella, que por simpatía y vivacidad se ha convertido en una de las estrellas de la Desbandá; estudia castellano e historia española y en Italia pertenece a la Asociación de Partisanos Italianos, que también trabaja en Memoria Histórica y Antifascismo.

El primer año de la marcha no pernoctamos en La Rábita, sino en Albuñol. Allí vari@s compañer@s fueron a entrevistar a su casa a María Ríos, una niña que vivió la huida desde Málaga y ahora vive en Albuñol. A ese pueblo llegaron un grupo de huidos que fueron alojados en los sótanos de un edificio del pueblo, pero no hay más recuerdo de su presencia. María, que tiene 88 años, huyó de Manilva, en el oeste de la provincia de Málaga, lindando con Cádiz, con una hermana de 15 años, su padre y su abuela paralítica; no lograron pasar de Motril porque las tropas fascistas llegaron antes y se tuvieron que volver para Málaga; podéis imaginaros la odisea de viajar con una señora paralítica en el caos del éxodo; en ese caos, perdieron el contacto con la hermana mayor y María no consiguió reencontrarse con ella hasta 15 años después. Al volver a Manilva, su padre fue detenido y llevado a Málaga donde fue fusilado y desaparecido en alguna fosa común, su abuela murió y ella quedó sola. Vive en Albuñol por otras circunstancias de la vida, como la de que se casó con un granadino; es una mujer muy vital y muy simpática y lo quiso dejar muy claro en la entrevista, es que ella era de convicciones políticas, muy roja y republicana.

En 2018, estando ya en La Rábita, nos llegó la noticia de la muerte de una mujer hija de estas tierras, de madre campesina de la Alpujarra, y de padre minero de Almería, hija después, del exilio económico y del exilio político, hija del Socorro Rojo y solidaria toda su vida; ama de casa a la fuerza, para ayudar a su marido, constantemente preso por sus ideas políticas de igualdad y democracia, y para sacar a sus dos hij@s adelante; pero no por ello menos militante; militante política, militante social toda su vida, feminista impulsara del Movimiento Democrático de Mujeres, militante de base, cuya actividad no se ve, pero sin cuyo tejido ningún cambio político sería posible, y ninguna dirigencia serviría para nada; una mujer entrañable, siempre con su simpatía y sonrisa encantadora, y siempre dispuesta a echar una mano a l@s compañer@s o al trabajo colectivo; una mujer infinita que se llamaba Josefina Samper, de Fondón de Almería, pueblo que dista de la Rábita unos 50 km, compañera de amor y de lucha de Marcelino Camacho durante más de 60 años. Cuando Marcelino dijo aquello de “ni nos domaron, ni nos doblaron ni nos van a domesticar” tenía el ejemplo a su lado, hoy hace 3 años de su muerte.

Otra historia entrañable de un miembro de la Desbandá es la del malagueño Juan Cisneros. Él tenía mucho interés en participar en la marcha, ya que su abuelo y su tía, que entonces era una niña, participaron en la Desbandá, mientras su padre estaba en el frente republicano. Su abuelo, que iba con un burro cargado de comida para poder llegar a Almería, al llegar al Guadalfeo, que como hemos referido varias veces iba muy crecido e hizo que mucha gente volviera atrás en su huida, intentó pasarlo, la niña se le cayó al agua y mientras la rescataba, el burro con la comida desapareció, eso le hizo desistir de la huida y se volvió a Málaga. Muchos años más tardes y hablando Juan con un amigo de estos temas, este le contó que su familia estuvo en la Desbandá y que consiguieron llegar a Almería, gracias a que su abuelo, cuando estaban desesperad@s, apareció con un burro cargado de comida, que les permitió continuar la marcha. Probablemente fuera el mismo burro o no, pero los nietos han podido contarse que a un abuelo se le perdió el burro y que otro abuelo se encontró un burro.

En la Rábita nos hemos alojado habitualmente en un centro social donde tiene su sede el Ateneo Republicano de la Alpujarra, un integrante activo y veterano de La Desbandá, Antonio Berenguer, vecino de la Rábita, maestro, en toda la bella acepción de la palabra es miembro de la Junta Directiva del Ateneo y siempre ha actuado como anfitrión y siempre ha procurado que hubiera actividades culturales y sociales durante nuestra estancia. En la planta de arriba, hay un escenario al fondo de un salón amplio, donde hemos visto actuar a la cantante sevillana, Lucía Socam o hemos visto la representación de “La memoria sumergida” de la Compañía de Teatro “Laura Llamas”, hemos oído los bellos aunque dolorosos poemas de Silvia, una compañera adscrita a la Desbandá que nos presentó su libro de poemas “Mi memoria herida”; también se han organizado un debate con miembros de la “Desbandá Africana”, la gente que cruza el mediterráneo huyendo de la miseria, de las dictaduras y de las guerras.

Recordamos un verso de Miguel Hernández, que nos mandó una seguidora de la Desbandá y que parecía premonitorio de todas las muertes en todas las Desbandás que han sido y que siguen siendo:

Quiero mirar la tierra
Hasta encontrarte
Y besarte la noble calavera
Y desamordazarte
Y regresarte

La Desbandá

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Desbandá 2020

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